La lucha por la igualdad no espera. Esta consigna exige el fin de la discriminación estructural que afecta a mujeres y diversidades en todos los ámbitos: laboral, educativo, político y social.
Reclama la incorporación de una visión crítica y equitativa del género en la enseñanza. Educar en igualdad desde la infancia es clave para prevenir la violencia y construir una sociedad más justa.
Las mujeres no deberían tener que ser valientes para caminar solas por la calle. Esta consigna pone en evidencia la normalización del miedo y exige el derecho a moverse libremente y sin temor.
Refuerza el derecho de toda persona a decidir si quiere o no ser madre. La maternidad impuesta, por cultura o falta de opciones, es también una forma de violencia.
Apunta al derecho a la autonomía corporal. Desde el uso de anticonceptivos hasta el aborto, esta consigna exige respeto por las decisiones individuales sobre el propio cuerpo.
Denuncia los feminicidios y todo tipo de violencia de género. Esta consigna visibiliza el riesgo que muchas mujeres enfrentan simplemente por su identidad, y exige justicia y protección real.